Llevamos décadas hablando de accesibilidad en los estudios de arquitectura e ingeniería, pero seamos sinceros: casi siempre lo hemos hecho mirando al suelo o midiendo anchos de paso. Nos hemos aprendido de memoria las pendientes máximas de las rampas, los radios de giro de 1,50 metros, las alturas de los mecanismos o el contraste de los pavimentos táctiles. Sin embargo, había una dimensión del espacio que la normativa estatal mantenía en un terreno impreciso y casi voluntarista: la accesibilidad cognitiva.
Con la reciente publicación en el BOE del nuevo Real Decreto por el que se aprueba el Reglamento de las condiciones básicas de accesibilidad cognitiva, el panorama normativo en España da un vuelco fundamental. Se cumple así con lo previsto en la Ley 6/2022 y se fija, por primera vez con carácter estatal y regulatorio, cómo deben diseñarse los entornos, productos y servicios para que sean comprensibles.
Para los que nos dedicamos a la redacción de proyectos y a la dirección de obra, esto no es un mero trámite administrativo ni un capitulo más de «papeleo» para la memoria. Es un cambio de chip en la manera de concebir el espacio desde el folio en blanco.
¿De qué va realmente la accesibilidad cognitiva sin rodeos normativos?
Si lo explicamos en la calle, sin tecnicismos: la accesibilidad cognitiva es el derecho de cualquier persona a entender dónde está, qué tiene que hacer y cómo moverse por un entorno sin sentirse desorientada o abrumada.
Todos hemos entrado alguna vez en un hospital público, en una sede judicial o en un intercambiador de transportes enorme y hemos sentido esa pequeña duda de no saber hacia dónde tirar. Si eso nos pasa a cualquiera en un día normal, pensemos en lo que supone para una persona con discapacidad intelectual, trastorno del espectro autista (TEA), daño cerebral adquirido o parálisis cerebral.
Pero el decreto va mucho más allá. Aplica un principio de diseño universal puro. ¿A quién beneficia un entorno fácil de entender?
- A personas mayores que empiezan a experimentar deterioro cognitivo o pérdida de memoria espacial.
- A personas migrantes o visitantes que no dominan la lengua.
- A personas con bajo nivel de alfabetización o con dificultades de comprensión lectora.
- A cualquiera de nosotros cuando está sometido a una situación de estrés, prisa o desorientación puntual.
Un edificio atascado de señales contradictorias o con circulaciones laberínticas es, en la práctica, un edificio inaccesible, por muy llano que sea su suelo.
Qué incluye la norma y qué novedades aporta al panorama técnico
El texto abarca multitud de ámbitos (desde las telecomunicaciones y la justicia hasta el empleo o el patrimonio cultural), pero en lo que nos atañe directamente —edificación, infraestructuras y espacios públicos urbanizados— introduce varias novedades clave:
1. Regulaciones concretas sobre información y comunicación
Obliga a articular la información pública a través de herramientas validadas como la lectura fácil, el lenguaje claro y los Sistemas Aumentativos y Alternativos de Comunicación (SAAC). Esto afecta desde la rotulación exterior de un inmueble público hasta las pantallas de señalización interactiva o los tótems informativos.
2. Normalización de pictogramas y señalética
Ya no vale descargar cualquier icono de internet para salir del paso en los planos de detalle. La norma exige recurrir a pictogramas estandarizados, validados y homologados, con criterios estrictos de contraste cromático, dimensión, tipografía y altura de colocación.
3. Asistencia presencial y apoyos
Establece que en entornos de concurrencia o de gestión pública debe preverse la atención presencial adaptada, con puntos de información fácilmente identificables a la entrada de los recintos.
4. El papel técnico del CEACOG
El Centro Español de Accesibilidad Cognitiva se consolida como el órgano de referencia encendiendo el faro técnico. Ya está trabajando en guías sectoriales que aterrizarán las exigencias a casos concretos, ofreciendo criterios homogéneos para todo el territorio nacional.
¿Cómo nos afectará a la hora de elaborar proyectos?
Aquí es donde nos jugamos el tipo en los despachos. La entrada en vigor del reglamento obligará a incorporar la comprensibilidad espacial dentro de los flujos habituales de trabajo, tanto en fase de anteproyecto como en la redacción de ejecución y el seguimiento de obra.
La legibilidad del plano (Wayfinding)
El primer filtro es la propia arquitectura. La distribución en planta tiene que explicarse sola en la medida de lo posible. Se potenciará el diseño de circulaciones claras, con jerarquías obvias entre pasillos principales y secundarios, reduciendo los recorridos en bucle y creando hitos visuales claros (patios interiores, vestíbulos con entrada de luz natural o núcleos de comunicación bien identificados desde la llegada).
Proyectos de señalética integrados de verdad
Se acabó lo de dejar la señalética a la improvisación de la constructora o a la rotulación comercial de última hora. Los proyectos de ejecución deberán incluir un plano específico de señalización accesible y comprensible, definiendo:
- Ubicación de tótems, planos «usted está aquí» simplificados y esquemas de orientación paso a paso.
- Relación entre la señalización visual, la textura del pavimento de guiado y la información acústica.
- Continuidad de la cadena de accesibilidad desde el acceso a la parcela o la vía pública hasta la puerta de cada dependencia.
Confort acústico y ambiental
El exceso de ruido, la reverberación o la iluminación agresiva generan una sobrecarga sensorial que anula la capacidad de orientación de muchas personas. Diseñar pensando en el confort acústico (acondicionamiento en salas de espera, vestíbulos y pasillos) e iluminación difusa sin deslumbramientos pasa a ser una medida directa de accesibilidad cognitiva.
Trabajo interdisciplinar
Así como hace años tuvimos que aprender a colaborar estrechamente con ingenieros de instalaciones o consultores de eficiencia energética, el diseño para la comprensibilidad exigirá coordinar la arquitectura con especialistas en comunicación accesible, diseño gráfico de entorno y expertos en validación cognitiva.
Reflexión final
La publicación de este Real Decreto supone dar un paso lógico y necesario. Como proyectistas, tendemos a veces a enamorarnos de la complejidad geométrica o de las circulaciones sugerentes, pero la realidad del usuario es otra: el espacio construido existe para ser vivido y utilizado con autonomía.
Un edificio que no se entiende es un edificio que excluye. Asimilar estas pautas no como una carga burocrática más, sino como una herramienta para hacer mejor arquitectura, es el verdadero reto que se nos presenta en los próximos meses.